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UN CLIENTE HABITUAL

    Sí, decididamente yo soy un cliente habitual.

     Número 1213, para ser exacto, modelo del 98, 167cm de estatura, 65kg de peso, moreno (a veces) y un poco imberbe. Un buen cliente.

     Generación X es mi casa, el gimnasio es la segunda.

     En la casa de mi padre vivo a media pensión, ceno (cuando lo hago) y duermo, últimamente bastante poco. La facultad es como la casa de los abuelos, te ves obligado a ir de vez en cuando, haces como que te interesa lo que allí te cuentan y te vas corriendo, en mi caso, a Generación X.

     Es divertido entrar. Apuestas por quien te vas a encontrar. Algunas apuestas van sobre seguro. Una vez dentro, debes elegir ecosistema (disculpad mi deformación profesional, pero sabiendo mi futuro como abonado al INEM, en algún lugar tengo que demostrar mis conocimientos), arriba o abajo, y en mi caso, como ya se demostró en “dentro del laberinto”, la elección es arriba, con los seres de la superficie, a resguardo de las pálidas criaturas que PUEBLAn (¿se me abonará la publicidad subliminal?) el subsuelo, o dungeons, como dirían los eruditos.

     Arriba, en el reino de la luz, los territorios son vastos. Encontrar tu nicho ecológico entre los comics, el rol, las figuras, los libros....es complicado, las criaturas se pasean sin un fin claro por todos ellos. Yo he encontrado el mio a pie de caja.

     Los recursos naturales son limitados, bien es cierto: algunos dados, contadores, cartas o “trading cards” como volverían a corregirme los eruditos (ah! Sabroso filón proclamarían algunos. Lo siento, prefiero la heroína, consume el mismo dinero pero te mata joven, lo que es un ahorro a largo plazo) y alguna revista referente al mismo cáncer, porque no lo dudéis, las cartas son un cáncer. Las criaturas de la superficie que las consumen ven estupefactos como sus células mutan y sus cuerpos cambian hasta no tener más remedio que recluirse en las profundidades de la tienda, ocultos, realizando sus grotescas relaciones de pareja hasta la puesta del sol, momento en el que salen en manada, azuzados por el Dios ATAT, que les expulsa del reino haciendo uso de sus poderes (control sobre los campos eléctricos, confinamiento espacial de las criaturas, y el más temido de todos ellos, su capacidad de hacer realidad o destruir, según te portes, los sueños, ilusiones y deseos más esperados por las criaturas de los reinos X).

     A pie de caja, como digo, la diversión no está en los recursos, sino en los seres que allí encuentras. Que buenos amigos he hecho en estos tres años. ¡Y cuanta gente conoces desde esa posición!, allí, junto al trono, donde todas las criaturas vienen a mostrar sus respetos al Dios ATAT y piden sus deseos, expían sus culpas, arremeten contra el mundo y son escuchados en sus delirios. Y eso, amigos, no tiene precio, porque aprender nunca lo tiene.

     Y ahora me erijo alto, como lugarteniente de las constelaciones, uno de los jinetes del Apocalipsis. Protector de los reinos y débil dispensador de sueños. Por mis manos pasa el papel en el que están escritos los deseos. Pero eso, chicos.... ya es otra historia.

     Gracias Leatherface, tu lo empezaste todo.
     (Con lágrimas emotivas y escuchando de fondo el “never be the same again” de Mel C & Lefteye recuerdo y me confieso antiguo y frustrado jugador de Magic).

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